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Bacanería Planetaria. Cel: 3153386370 Barranquilla - Colombia. Grupo BBM en Facebook. Organización no gubernamental para promover y divulgar la bacanería y mantener lazos de amistad entre todos los bacanes y bacanas del planeta. Nuestros ideales: paz, amor, ecología, ética, arte, justicia, fraternidad y amistad. Un bacán o una bacana es buena gente, actúa “a lo bien”. Se comporta de manera justa, solidaria y ética.
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9 de diciembre de 2012

Mamá, ¿dónde están los juguetes?


¿A qué se aferra un psiquiatra en el sexto piso de la vida cuando se presentan aquellas situaciones de la vida que le rompen las vísceras al más sereno y provocan emociones de un talante tóxico para el miocardio que, además, desgastan y quitan días de vida?, ¿cómo se autoaplican a la hora de sortear aquello que perturba?

No tenía una respuesta porque la intolerancia a los errores de otros, que afectan donde más duele en el momento más inadecuado de la vida, por ejemplo, un 7 de diciembre, me provocan una rabia absolutamente reptiliana que no me permite trascender a los cerebros más evolucionados para calmarme.
 De nada servían en esos momentos los manuales aprendidos en muchas lecturas para controlar la ira. Estaba parqueado al frente de una oficina en la que debía resolver un asunto vital y discutía con los del trapo rojo mientras me acomodaba debajo de un árbol para esconderme del sol, ya que si yo permanecía en el carro era una moneda menos. Por supuesto, la que estaba en la oficina de marras tratando de enmendar el error cometido por otros era mi esposa, yo no hubiera podido manejar la situación con serenidad. Me acompañaba mi hija de 5 años quien, obviamente, se encontraba aburrida de los enredos de los adultos y pretendía que yo la distrajera con algo. Como no soy ducho en celulares no pude encontrarle un juego para desempavarla, así que su aburrimiento y mi irritabilidad iban en crescendo.

De alguna manera, terminamos hablando de cómo ella podría aprender a escribir y agarré esto como un pretexto para ganar tiempo mientras su madre resolvía. Le recordaba cómo le había enseñado a escribir las sílabas ma-ma para decir mamá. Entonces, le expliqué que esa palabra no sonaría ma-má si no llevaba un palito que se llama tilde sobre la última a para que se escuche ma-má, ma-má. Entonces, ocurrió el milagro que me salvó las Velitas. Ella aprovechó la coyuntura y empezó a cantar “Mamá, ¿dónde están los juguetes?, Mamá, el Niño Dios no los trajo”. Se produjo una explosión en nuestros cerebros límbicos y soltamos una carcajada sostenida que nos llevó hasta las lágrimas ante un apunte tan ingenioso. 
A partir de ese momento, el día me cambió. O el sol ya no calentaba tanto o era el aire acondicionado del carro, o el arbolito cumplía su función de sombrilla. El asunto es que todas esas emociones perturbadoras se fueron como por encanto hacia la alcantarilla de los desechos de la vida ante el poder de la risa que me permitió recuperar la emoción de la eutimia, de la bacanería, que se encontraba momentáneamente sepultada bajo la malparidez cósmica de la vida. Le di las gracias a mi hija por salvarme el día. ¡Velitas, ahí les voy!

Pero después de esa sacudida límbica, el cerebro racional te toca el hombro para decirte que sí está bien vacilarse las Velitas, pero hay un montón de gente jodida en este país que quisiera tener tu suerte de encontrarse con un chiste, una moneda, un mendrugo, una voz de aliento ante el dolor por la pérdida injusta de hijas, hermanas, esposas. Entonces, viene el aterrizaje del neocórtex que te pone los pies en la realidad y te recuerda celebrar con mesura para que tu alegría no aumente el dolor de otros.
 Tengan la seguridad de que al encenderlas pediré una sonrisa para todos.

Por Haroldo Martínez
haroldomartinez@hotmail.com

25 de agosto de 2012

La Facultad Predictiva del lenguaje

El pensamiento y la palabra para nombrarlo, el lenguaje, aparecieron sobre la faz de la tierra en el momento en que se constituyó el primer organismo y se estableció una forma de comunicación entre este y el medio externo circundante.

Esto no se debió a un acto de inspiración de una o varias personas sino que se enmarca dentro de todo el proceso evolutivo como una respuesta anticipatoria que busca la ventaja biológica o le permite superar una condición adversa de la naturaleza. Se trata de procesos electroquímicos que se generan en el cerebro a partir de una cualidad predictiva intrínseca que permite pensar que el desarrollo del pensamiento y del lenguaje no fue escalonado sino asociativo: una comunidad primitiva de neuronas creó un medio interno que, interactuando al unísono con un medio externo extremadamente cambiante, fue avanzando hacia realidades predictivas que posibilitaran su supervivencia.


Este es el planteamiento central del libro que acaba de publicar el comunicador social Juan José Trillos con el patrocinio de la Universidad Autónoma del Caribe y que representa un esfuerzo enorme para explicar todo el proceso que va desde la comunicación celular hasta la comunicación digital a través de un repaso biológico, neurológico, antropológico, evolutivo, filosófico, cultural, de cómo fue evolucionando el ser humano y, con él, la cualidad más depurada de su cerebro, el lenguaje.

Es un libro atrevido, revolucionario, en el sentido de aclarar mucho de lo que se había dicho hasta ahora con respecto a la aparición del lenguaje en interminables discusiones que han tratado de atribuirlo a un determinado eslabón en la cadena evolutiva que va de la hominización a la humanización. Trillos se remonta mucho más atrás para explicar la aparición del lenguaje, de cómo el ser humano puede pensar acerca de su pensamiento y propone estos procesos predictivos que anteceden, incluso, a la aparición de la conciencia del “sí mismo”.

Desde esta predictibilidad biológica, Trillos nos lleva a través de la evolución para resaltar ciertos hitos trascendentes en la historia del ser humano, como la aparición de la escritura y el desenvolvimiento de las diferentes etapas de la cultura para desembocar en una de las grandes preocupaciones contemporáneas de lo que se ha llamado la sociedad del conocimiento, las TIC, tecnologías de la información y la comunicación, vale decir, todos los elementos y las técnicas usadas en el tratamiento y la transmisión de la información, fundamentalmente la informática, internet y las telecomunicaciones.

Como pedagogo responsable de lo que enseña a sus estudiantes, tiene una actitud autocrítica muy seria que incluye su propio medio universitario y le permite cuestionar su trabajo para mirar con lupa los procesos que se dan en su ámbito académico, no sólo para criticar lo que está mal sino, también, para lanzar propuestas tendientes a solucionar lo que está por venir a nivel de lenguaje y comunicación.
Juan José Trillos, Lucero Arias, Shirley Briceño, Haroldo Martínez, Katia Oliveros
La Fundación Bacanería Planetaria lo acompañó en el lanzamiento del libro y lo recomienda con la seguridad de saber que encontrarán elementos serios para cuestionar nuestro propio ‘lenguajeo’.

17 de junio de 2012

Padres, ojalá que sea un día feliz


Nunca celebro un gol hasta cuando el balón no traspasa completamente la raya y el árbitro lo valida. Todo puede suceder en la línea de meta. Pero, en este momento, me estoy acomodando en el asiento del carro porque se está gestando una jugada que puede ser un golazo. Vengo escuchando en la radio un partido que juega la Cámara de Representantes contra los maltratadores de este país. Su propuesta consiste en un proyecto, casi aprobado, que reglamenta en serio la penalización de la violencia intrafamiliar. Faltan unos cuantos toques para llevarle el balón al número 9, el Presidente de la República, quien solo tiene que empujarlo y llevarse los aplausos.
Uno de los postulados básicos es que, por fin, la violencia intrafamiliar deja de ser considerada una querella para constituirse en algo más complejo, un delito punible que, una vez denunciado, no da marcha atrás y tiene consecuencias graves. Hablar de violencia intrafamiliar puede resultar algo confuso que no refleja la verdad porque da la sensación de una lucha de fuerzas iguales: el padre versus la madre, y los hijos en el medio, cuando, en la gran mayoría de casos, se trata del abuso de uno sobre los otros, generalmente el esposo padre de familia, quien es biológicamente más fuerte que la esposa.
La pérdida de la libertad para quien maltrata puede ser hasta de 8 años. No vale el arrepentimiento, ni la serenata con mariachis, ni el carro último modelo para compensar la golpiza, ni que la maltratada pretenda detener el proceso. Desde el primer momento en que se instaura la demanda se llega hasta el final para hacer un diagnóstico real de la situación y determinar si hubo o no maltrato que justifique una penalización. Algo de vital trascendencia es que contempla que cualquier familiar o vecino puede hacer la denuncia, y tiene el mismo valor y desarrollo como si la hiciera la abusada.

Padres, feliz Día del Padre. Ya casi hay una herramienta jurídica para que usted pueda detener a ese malpechoso, como dice usted, que maltrata a su muchachita. Se acabarán las noches de insomnio y la sensación diaria de impotencia para defender a su consentida, que no es una pendeja que no se sabe defender, sino una mujer sometida a golpes.

Chicas de todas las edades, se acerca el momento de sentirse protegidas y que nunca más haya maltrato o asesinato. Pero primero deben entender que el señor no se va a curar por mucho amor que ustedes le pongan o el sacrificio que hagan. Quien maltrata una mujer por primera vez, la maltratará el resto de su vida en pareja. La única forma de detener el abuso es, primero, protegerla y apartarla de él y, segundo, demostrarle que está enfermo y que debe entrar a un tratamiento. Lo cual no quiere decir que después de ‘curado’ se deba restablecer la relación. Eso es más complicado.

Psicoterapeutas, se acabará la sensación de impotencia cuando la señora sale del consultorio y uno sabe que el marido la puede recibir a coñazos por el simple hecho haber asistido a consulta. Ya se podrán hacer sugerencias más concretas a las maltratadas para que sepan dónde acudir y buscar protección si les toca de pareja uno de estos anormales.

Me bajé del carro con la sensación de poder ganar este partido.

Por Haroldo Martínez
haroldomartinez@hotmail.com

6 de mayo de 2012

Los proyectos que dejó el Bacán del Intelecto

Por Haroldo Martínez Pedraza


Hugo Rafael González Montalvo nació en Sincelejo en 1956. Estudió Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Externado de Colombia, y Cine y Televisión en el Istituto Scienze Cinematografiche en Florencia, Italia.

De todas las enseñanzas que dejó Hugo González Montalvo en su corta pero productiva vida, la que transformó a muchas de las personas con las que intimó como investigador fue la que él llamaba hacer la tarea, y hacerla bien, lo cual implicaba que uno debía intentar saber todo lo existente sobre un determinado tema antes de escribir una sola palabra sobre dicho tema.
Las reuniones de trabajo con él eran extenuantes por lo maratónicas y por el nivel de exigencia intelectual, de cada una de ellas debía salir por lo menos una frase nueva que nadie hubiera dicho antes. Era su esencia como investigador y lo que exigía de sus amigos y estudiantes.
A un año de su fallecimiento, en la Fundación Bacanes y Bacanas del Mundo, que él creó, damos fe de lo anterior, pues Hugo dejó hecha casi toda la tarea, en el sentido de saber que contamos con un legado teórico y fílmico desarrollado por él que servirá de materia prima para terminar aquello que él no pudo, el libro y la película de la Bacanería, sus dos retos más ambiciosos.
Por el primero respondemos porque desde cuando se presentó por primera vez su documental-puesta en escena “La bacanería, un estilo de vida”, se inició un proceso de investigación mucho más complejo del que antecedió a la realización del documental debido al impacto que este tuvo a nivel local, nacional e internacional.
Y todo a partir de una pregunta que él se hizo como director: ¿por qué fue tan exitoso? Entonces, nos contagió en sus reflexiones –que él llamaba recursiones, volver a pensar sobre lo mismo para crear una idea nueva– y nos pusimos a leer sobre biología, antropología, arqueología, evolución, filosofía, arte, música, cultura y estudios culturales, pensamiento complejo, y todo aquello que pudiera servir para resolver la pregunta.
Después de una década de lectura de una intensidad cuasimaníaca al comienzo, que se mantuvo a velocidad de crucero durante la mayor parte del tiempo y que solo fue declinando cuando se le diagnosticó el linfoma que acabó temprano con su vida, llegamos a una conclusión atrevida en la que afirmamos que la bacanería es una emoción que ha acompañado al ser humano desde los albores de su humanización y que nos ha permitido llegar a convertirnos en lo que somos, homo sapiens sapiens, hombre que sabe que sabe, hombre que sabe que no está solo en el mundo y que sabe que su comportamiento debe ser el adecuado para convivir en comunidad con base en unas normas sociales que consultan la bonhomía de las personas.

Afiche promocional de la película “Good morning, Babylon, de los hermanos Taviani, 1986.

La bacanería es aquello que está por encima del cerebro más primitivo o del cerebro emocional, es la racionalidad que se inclina hacia lo que tiene que ver con el bienestar íntimo,
social  y  planetario.  Esa es la sustancia del libro de la bacanería.
Su segundo proyecto, la película, sí nos pone en un aprieto porque no sabemos a quién recurrir para que sea el director de tamaña proeza. No solo porque fue uno de los artífices del constructo teórico sino, también, porque sus credenciales cinematográficas le daban respaldo para una película compleja absolutamente conceptual, sin referentes anteriores.
Después de un paso muy activo por la Facultad de Derecho del Externado de Colombia al lado de personas que hoy son o han sido figuras públicas nacionales, dejó ese mundo a un lado y se largó para Italia en busca de su verdadero bacaneo, a estudiar técnica de cine y televisión en el Istituto Scienze Cinematografiche de Florencia, donde tuvo la incomparable fortuna de participar como auxiliar en la filmación de la película Good morning, Babylon (1986), de los hermanos Paolo y Vittorio Taviani.
Una vez obtuvo su título hizo un viaje a Colombia para ver cómo estaba el ambiente y con el propósito de regresar a Italia, donde lo esperaba un futuro promisorio por su talento y por las conexiones y amistades en el medio. Casi sin proponérselo, se fue enredando en proyectos de creación teórica y práctica en diferentes áreas de la comunicación que expresó a nivel de documentales sobre el territorio geográfico y cultural de Caribanía, esa república ideal proveniente del emocionar cultural de los pueblos unidos por el Mar Caribe que se extiende más allá de las fronteras de su gran cuenca para germinar en cualquier sitio del mundo donde un caribano o una caribana puedan plantar la palmera de su cultura. Por eso la llamó, románticamente, República Independiente de Palmas de Caribanía.
Hugo González y Haroldo Martínez en la filmación del documental “La bacanería, un estilo de vida”, del cual fue director en 1998.

Lo que realmente lo amarró aquí fue haber encontrado en el propio territorio de Caribanía un estilo de vida coherente con ese espíritu que él imaginaba para ese espacio monocultural. Se trataba de la bacanería, un lenguaje, una forma de ser, una metáfora de la vida a lo bien.
Para mí representa una enorme satisfacción haber sido la persona que le mostró la palabra y el concepto a través de una novela que nunca he publicado y que le sirvió de base para su propuesta al Ministerio de Cultura en un concurso de documentales del cual salió “La bacanería, un estilo de vida”, hace 14 años.
A Hugo le dimos el título de ‘Bacán del Intelecto’ porque sus charreteras académicas en el pluriverso de la comunicación son incontables. Baste un ejemplo para explicarlas todas. Presentó a la Real Academia de la Lengua Española una argumentación seria para la inclusión de la voz “Bacanería” en el diccionario. El 3 de febrero de 2008 la Real Academia aceptó estudiar la inclusión. No hubo celebración, aún no la han incluido, dijo.
Dejó en manos de Katia Oliveros Cabarcas, su viuda, el estandarte de la Fundación Bacanes y Bacanas del Mundo para darle continuidad a una propuesta filosófica, política, cultural, emocional, evolucionista, que pretende ser alternativa seria a nivel local y global de cómo podríamos bacanizar para crear un mundo mejor posible. Katia es Maestra en Artes Plásticas, alumna de Hugo, cuidadora de sus últimos años, y con un temple de acero para asumir tremenda responsabilidad. Los miembros de la fundación la respaldamos: The King is dead! Long live the Queen!





  

14 de abril de 2012

Hugo, Einstein y la flecha del tiempo

A un año exacto del regreso de Hugo González a la matria me encuentro leyendo un libro que intenta explicar el fenómeno de la vida desde las leyes de la física y las matemáticas de la complejidad. Subrayo una misiva que Albert Einstein escribió a la familia de su confidente intelectual y mejor amigo cuando estudiaron juntos en Zürich, el científico e ingeniero Michele Besso, su pana: “Michele se me ha adelantado en dejar este extraño mundo. 
Es algo sin importancia. Para nosotros, físicos convencidos, la distinción entre pasado, presente y futuro es solo una ilusión, por persistente que esta sea”. El impacto del pequeño texto enciende las neuronas que disparan la fuga de ideas y las asociaciones libres.
La  psique  se  llena  de imágenes, de frases que revolotean en el cerebro emocional, olores, sonidos, pedazos de canciones. Pasa un tango: que 20 años no es nada. Se atraviesa un bolero: parece que fue ayer y el neocórtex complementa la frase: que fuimos al campo santo a despedirte, bróder. Se impone Tobacco Road y la imagen de Hugo con su parado de hipotónico indicando al camarógrafo el mejor plano para una toma. 
Después, el choque de las copas con vino tinto para celebrar el éxito de un evento bacano inventado por él. Brota del fondo del inconsciente una foto de Kip Thorne, el primer científico serio que se ha planteado la posibilidad práctica de los viajes en el tiempo a partir de los postulados de la teoría de la relatividad, según la cual, esto podría ocurrir si existieran los agujeros de gusano, tubos de espacio-tiempo que se tuercen sobre sí mismos y conectan diferentes regiones del espacio y el tiempo. A un lado, el facsímil de un documento en el que Thorne firma con Stephen Hawking una de sus tantas aparentemente disparatadas apuestas científicas. Sé lo que significan esas imágenes. Descubro el juego de mi mente, estoy llorando intelectualmente la ausencia del hermano. Quiero que hagan una apuesta en la que Thorne demuestre que existen esos agujeros para montarme en una nave, regresar al pasado, encontrarme con el Viejo Hugo y preguntarle cómo se ve la tierra desde allá arriba para que me conteste, no con la voz de Rolando La Serie, sino con su timbre de saxo tenor: ¡De película! Y sentarnos frente a su biblioteca, con el cello de Yo Yo Má de fondo musical, para terminar aquella recursión que no pudimos concluir por sus quebrantos de salud. 
Y mostrarle los últimos libros que compré en los que trato de entender las razones de su partida prematura, y la de otros bacanes, de este extraño mundo y comentarle que la conclusión es barro, pues todos concuerdan en que la posibilidad de retroceder en el tiempo es menor que 1 dividido por un 1 seguido de un billón de billones de billones de billones de billones de ceros.
 Entonces, cierro esos libros bajanota y tomo otro con frases más poéticas, como que la vida es una combustión controlada, un flujo de energía estructurado, una cuestión tanto de transformación energética como de replicación genética, que tal vez la vida tenga en el fondo la prosaica función de transformar energía, que la vida contradice las leyes físicas que ven el futuro del cosmos como algo que tiende al equilibrio termodinámico, a la muerte térmica. Esto me anima y busco una copa para degustar la lectura con un Merlot.

Por Haroldo Martínez
haroldomartinez@hotmail.com


   


26 de noviembre de 2011

Nos comimos el guineo


Por Haroldo Martínez

  Y no fue en sentido metafórico, porque después de terminar la celebración del segundo aniversario del Día del Orgullo Primate los asistentes al Planetario de Barranquilla nos tomamos la foto grupal comiéndonos unos guineos suculentos que la presidenta actual de la Fundación Bacanería Planetaria, Katia Oliveros, tuvo el acierto artístico y estético de conseguir para que reafirmáramos nuestra condición de especie en evolución que se pregunta cuál es el sentido de nuestra existencia en este planeta.
En esta ocasión hicimos un repaso sobre lo que es un primate (Haroldo Martínez), definiciones de evolución y dónde estamos nosotros como humanos (Álvaro Tirado), importancia del lenguaje en el proceso de hominización y humanización (trabajo en imprenta de Juan José Trillos), cuál es el sentido de nuestra existencia (Jorge Senior) y, finalmente, una serie de frases elaboradas por Hugo González (q.e.p.d.) que son la semilla de un libro que dejó planteado para ser escrito, el libro de la bacanería. César Sarmiento fue el presentador de los ponentes.

Quedó claro que los humanos no somos la especie elegida ni superior a ninguna de las que habitan este planeta, que el interés de la evolución no es crear mejores personas, ni más bonitas, ni más inteligentes, ni semejantes a un dios, ni hay una fuerza sobrenatural que dirija nuestra deriva natural y que lo único que tenemos es el aquí y el ahora y nos toca a cada quien decidir qué hacemos con eso, que es nuestro capital más preciado. A pesar de esas noticias, que no son muy satisfactorias para mucha gente, especialmente para los que se aferran a las tesis de la creación de un diseño divino, los asistentes no salimos deprimidos ni desesperanzados, antes por el contrario, optimistas por saber que nuestro destino está en nuestras manos, que no podemos echarle la culpa a nadie de lo que sucede con nuestras vidas porque cada persona es responsable del sentido que le dé a su existencia, y que tenemos el deber de intentar ser felices a pesar de la malparidez cósmica que nos rodea en lo breve o larga que sea nuestra vida.

Fue muy gratificante ver caras nuevas en este escenario, saber que los dinosaurios que convocamos a estas celebraciones encontramos eco en diversos núcleos de la población joven de la ciudad quienes tienen sus propios planteamientos sobre la vida. Uno de ellos fue el grupo Ateos de Barranquilla, a quienes comprometimos para la celebración del próximo año para escuchar sus tesis. Otro fue el de estudiantes de psicología quienes esperaron hasta el final del foro para hacer preguntas muy específicas sobre ética biológica, ética fisiológica, ética psicológica, lo cual nos entusiasma porque nos demuestra que los jóvenes primates se están cuestionando y se plantean alternativas diferentes a lo emo, lo punketo, lo gótico y demás tendencias culturales de innegable corte depresivo, en busca de un discurso diferente que le dé sentido a sus vidas.
Le hicimos un gran homenaje a Lucy, la australopithecus afarensis que decidió dejar la comodidad de los árboles para aventurarse, junto con su pareja y su hijo, en los avatares y peligros de la sabana y dar inicio a la gran marcha bípeda de los primates sobre el planeta Tierra y al proceso de nuestra humanización.



Haroldo Martínez.