6 de mayo de 2012

Los proyectos que dejó el Bacán del Intelecto

Por Haroldo Martínez Pedraza










Hugo Rafael González Montalvo nació en Sincelejo en 1956. Estudió Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Externado de Colombia, y Cine y Televisión en el Istituto Scienze Cinematografiche en Florencia, Italia.

De todas las enseñanzas que dejó Hugo González Montalvo en su corta pero productiva vida, la que transformó a muchas de las personas con las que intimó como investigador fue la que él llamaba hacer la tarea, y hacerla bien, lo cual implicaba que uno debía intentar saber todo lo existente sobre un determinado tema antes de escribir una sola palabra sobre dicho tema.
Las reuniones de trabajo con él eran extenuantes por lo maratónicas y por el nivel de exigencia intelectual, de cada una de ellas debía salir por lo menos una frase nueva que nadie hubiera dicho antes. Era su esencia como investigador y lo que exigía de sus amigos y estudiantes.
A un año de su fallecimiento, en la Fundación Bacanes y Bacanas del Mundo, que él creó, damos fe de lo anterior, pues Hugo dejó hecha casi toda la tarea, en el sentido de saber que contamos con un legado teórico y fílmico desarrollado por él que servirá de materia prima para terminar aquello que él no pudo, el libro y la película de la Bacanería, sus dos retos más ambiciosos.
Por el primero respondemos porque desde cuando se presentó por primera vez su documental-puesta en escena “La bacanería, un estilo de vida”, se inició un proceso de investigación mucho más complejo del que antecedió a la realización del documental debido al impacto que este tuvo a nivel local, nacional e internacional.
Y todo a partir de una pregunta que él se hizo como director: ¿por qué fue tan exitoso? Entonces, nos contagió en sus reflexiones –que él llamaba recursiones, volver a pensar sobre lo mismo para crear una idea nueva– y nos pusimos a leer sobre biología, antropología, arqueología, evolución, filosofía, arte, música, cultura y estudios culturales, pensamiento complejo, y todo aquello que pudiera servir para resolver la pregunta.
Después de una década de lectura de una intensidad cuasimaníaca al comienzo, que se mantuvo a velocidad de crucero durante la mayor parte del tiempo y que solo fue declinando cuando se le diagnosticó el linfoma que acabó temprano con su vida, llegamos a una conclusión atrevida en la que afirmamos que la bacanería es una emoción que ha acompañado al ser humano desde los albores de su humanización y que nos ha permitido llegar a convertirnos en lo que somos, homo sapiens sapiens, hombre que sabe que sabe, hombre que sabe que no está solo en el mundo y que sabe que su comportamiento debe ser el adecuado para convivir en comunidad con base en unas normas sociales que consultan la bonhomía de las personas.
Afiche promocional de la película “Good morning, Babylon, de los hermanos Taviani, 1986.
La bacanería es aquello que está por encima del cerebro más primitivo o del cerebro emocional, es la racionalidad que se inclina hacia lo que tiene que ver con el bienestar íntimo,
social  y  planetario.  Esa es la sustancia del libro de la bacanería.
Su segundo proyecto, la película, sí nos pone en un aprieto porque no sabemos a quién recurrir para que sea el director de tamaña proeza. No solo porque fue uno de los artífices del constructo teórico sino, también, porque sus credenciales cinematográficas le daban respaldo para una película compleja absolutamente conceptual, sin referentes anteriores.
Después de un paso muy activo por la Facultad de Derecho del Externado de Colombia al lado de personas que hoy son o han sido figuras públicas nacionales, dejó ese mundo a un lado y se largó para Italia en busca de su verdadero bacaneo, a estudiar técnica de cine y televisión en el Istituto Scienze Cinematografiche de Florencia, donde tuvo la incomparable fortuna de participar como auxiliar en la filmación de la película Good morning, Babylon (1986), de los hermanos Paolo y Vittorio Taviani.
Una vez obtuvo su título hizo un viaje a Colombia para ver cómo estaba el ambiente y con el propósito de regresar a Italia, donde lo esperaba un futuro promisorio por su talento y por las conexiones y amistades en el medio. Casi sin proponérselo, se fue enredando en proyectos de creación teórica y práctica en diferentes áreas de la comunicación que expresó a nivel de documentales sobre el territorio geográfico y cultural de Caribanía, esa república ideal proveniente del emocionar cultural de los pueblos unidos por el Mar Caribe que se extiende más allá de las fronteras de su gran cuenca para germinar en cualquier sitio del mundo donde un caribano o una caribana puedan plantar la palmera de su cultura. Por eso la llamó, románticamente, República Independiente de Palmas de Caribanía.
Hugo González y Haroldo Martínez en la filmación del documental “La bacanería, un estilo de vida”, del cual fue director en 1998.
Lo que realmente lo amarró aquí fue haber encontrado en el propio territorio de Caribanía un estilo de vida coherente con ese espíritu que él imaginaba para ese espacio monocultural. Se trataba de la bacanería, un lenguaje, una forma de ser, una metáfora de la vida a lo bien.
Para mí representa una enorme satisfacción haber sido la persona que le mostró la palabra y el concepto a través de una novela que nunca he publicado y que le sirvió de base para su propuesta al Ministerio de Cultura en un concurso de documentales del cual salió “La bacanería, un estilo de vida”, hace 14 años.
A Hugo le dimos el título de ‘Bacán del Intelecto’ porque sus charreteras académicas en el pluriverso de la comunicación son incontables. Baste un ejemplo para explicarlas todas. Presentó a la Real Academia de la Lengua Española una argumentación seria para la inclusión de la voz “Bacanería” en el diccionario. El 3 de febrero de 2008 la Real Academia aceptó estudiar la inclusión. No hubo celebración, aún no la han incluido, dijo.
Dejó en manos de Katia Oliveros Cabarcas, su viuda, el estandarte de la Fundación Bacanes y Bacanas del Mundo para darle continuidad a una propuesta filosófica, política, cultural, emocional, evolucionista, que pretende ser alternativa seria a nivel local y global de cómo podríamos bacanizar para crear un mundo mejor posible. Katia es Maestra en Artes Plásticas, alumna de Hugo, cuidadora de sus últimos años, y con un temple de acero para asumir tremenda responsabilidad. Los miembros de la fundación la respaldamos: The King is dead! Long live the Queen!





  

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