7 de febrero de 2011

Bacanería: la ética de la alegría.


Al nacer, surgimos triunfalmente de la naturaleza. Individualmente considerados,  somos lo que nunca fue ni será. Por sentirnos vivos experimentamos alegría. Alegrarse consiste en afirmar, aceptar y aligerar la existencia humana. Es afirmar la vida en su realidad limitada, pero intensamente efectiva. Es negarse a desvalorizar la vida por no ser eterna, sino frágil e irrepetible.  Es rechazar el absurdo platónico que la decreta ilusoria en comparación con las ideas supersticiosas de eternidad. Es reconocer la vida como patrón de valores y verdades frente a los que proclaman su miseria y su mentira.  
Afirmar la vida es negarse a ponerle condiciones, a exigirle requisitos de aceptabilidad. Afirmar alegremente la vida es darla por buena, aunque ello no equivalga a considerar buenos cada uno de los episodios y factores que incidentalmente concurren en ella. Es asumir con dignidad el precio de dolor, frustración e injusticia que también conlleva vivir.
De la afirmación de la realidad de la vida y de su aceptación incondicional proviene como consecuencia la alegría, que aligera la existencia fomentando la libertad. Así brotan el arte, la poesía, el espectáculo, la ética, la política, como artificios creadores de libertad y sentido. La Bacanería sería esa celebración libre y gozosa de la vida. 
Una de las iniciativas vitales promovidas desde el sentimiento alegre de la bacanería es la ética.  La ética no es pues un código, sino más bien una perspectiva para la reflexión práctica sobre nuestras acciones. La ética consiste en poner nuestra libertad al servicio de la camaradería vital que nos emparenta con nuestros semejantes en preocupaciones y alegría. Tal libertad, desde luego, no es la ruptura de la inquebrantable cadena de las causas, sino la posibilidad de crear el sentido humano que nos una, más allá de hostilidades y diferencias. Tampoco la bacanería, como las virtudes, pueden definirse en abstracto, no son ideales de comportamiento establecidas de una vez para siempre, sino que van cambiando conforme cambian la naturaleza y la cultura.  
Sostenerse en la alegría es pues el equilibrismo más arduo, pero el único capaz de conseguir que todas las penas humanas merezcan efectivamente la pena. A eso llamamos ética: a penar alegremente. A vivir en Bacanería.
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Escrito acogiendo expresiones e ideas de varios autores.

1 comentario:

  1. Excelente!!!; vaya, felicitaciones!!, qué nota tan bacana!!!

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