15 de julio de 2008

La bacanería, la felicidad del trayecto del ahora.La alegría de vivir.

Los seres humanos en nuestras conductas nos hemos guiado desde siempre por pautas. Las diferentes culturas en distintos tiempos han asumido costumbres, tradiciones, religiones, filosofías, que nos han orientado hacia alguno de los aspectos que se consideran transcendentales en la vida de los hombres. Hay tres motivos fuertes que impulsan las acciones de los individuos: el placer, la felicidad y la alegría.
Solemos dejarnos atraer por el concepto de felicidad, entendida como la realización de las expectativas sobre algún aspecto agudamente deseado por nosotros. La felicidad es alcanzar un objetivo, por lo general difícil. El estado de felicidad es pasajero. Es problemático, es engorroso poder gozarlo con tranquilidad en el presente. Es ineludible la preocupación por perderlo. La experiencia que tenemos todos de la vida nos permite saber que cualquier evento nuevo lo destruye. Por eso la felicidad es propia del pasado, donde no corre ningún peligro de desaparecer. Un momento feliz se engrandece al recordarlo, se torna más intenso y seguro. Por otro lado, la expectativa de felicidad futura tiene un inconveniente, acostumbra venir acompañada del estrés que genera intentar alcanzarla. La bacanería, es la felicidad, siendo concientes, que es sólo un trayecto efímero del ahora; es decir, cero estrés, cero tensión, de esa manera se goza mejor.
Con el placer tampoco es diferente. Por su propia naturaleza no es posible lograrlo por completo. Siempre se ambiciona experimentar una mayor sensación placentera.La promesa de incrementar el placer hace inevitable que seamos propensos a los vicios, el deseo de placer es insaciable. El placer futuro es una promesa tentadora.
Si la fortaleza de la felicidad es su vigencia en el pasado o en el fugaz presente y la del placer es la oferta de un futuro insatisfecho; la ventaja, la eficacia, de la alegría es el goce del vivir, manifiesto en el presente. La alegría es la celebración de la vida. Es una emoción trascendental, un proyecto realizable en el ahora. Su única necesidad es la permanencia de la respiración conciente. No se sostiene, ni se justifica con nada diferente que con la vida misma. Es la gran satisfacción de sentirnos vivos. Plenitud emocional no comparable con ninguna otra sensación. La bacanería es la alegría de vivir, la celebración de la vida.
Sin duda, muchas personas dirán que lo ideal es tener por igual placer, felicidad y alegría, pero las circunstancias de la vida usualmente no son tan generosas. Por ello, tal vez, vemos, en medio de la adversidad y la incertidumbre, a personas que con una vida sencilla se mantienen gozosas, inmersas en la emoción de la alegría biológica del ahora. Esa emoción es a la que se refieren los bacanes y las bacanas, cuando hablan de la bacanería.
Lo anterior explicaría porqué en recientes encuestas mundiales pueblos con evidentes falencias materiales, con necesidades no satisfechas, se proclaman felices. Les basta con vivir para sentirse contentos. Tienen pocas expectativas en la vida, por consiguiente poco estrés; no tienen mucho por lo cual pugnar. Tienen lo principal: la vida.
Es evidente que las sociedades postmodernas, invadidas por la publicidad de productos y servicios, ofrecen felicidad a quienes los adquieren, pero, al mismo tiempo, mantienen altos niveles de insatisfacción. Siempre hay un producto nuevo y mejor que tendríamos que adquirir.
En fin, cada pueblo, cada individuo, tendrá sus propios motivos, sus propios valores culturales, para sentirse alegre o desgraciado. Parece que en eso no hay nada nuevo bajo el sol. Pero por fortuna, los bacanes y bacanas del mundo le ofrecen a usted un beneficio gratis, está en el interior de cada uno, es: la bacanería.